Vergüenza ajena sentíamos
al observar las celebraciones en la Franja de Gaza por la «victoria»
que Hamas proclamó sobre Israel al entrar en vigencia el alto el fuego. Y pena
por la población palestina, que tiene a esos terroristas de gobernantes.
Siete semanas después de
iniciado el operativo militar israelí contra Hamas, destinado a poner fin al
disparo de cohetes desde Gaza hacia las poblaciones civiles en territorio
israelí, los valientes jefes de Hamas salieron del búnker, de sus escondites
debajo de escuelas y hospitales, y osaron proclamar victoria. Ismail Haniye,
con un rifle en la mano, se llenó la boca de proclamaciones dramáticas sobre
las supuestas derrotas de Israel, sobre los enormes logros de Hamas, según él,
mientras todos los hombres armados de Hamas llenaban las calles tras salir de
los escondites, se abrazaban y felicitaban… y nosotros nos preguntábamos si
no les da vergüenza.
Cómo se atreven, nos
preguntábamos, a salir a las calles de Gaza, en medio de la devastación que
ellos trajeron a su pueblo al provocar incesantemente a Israel hasta que
finalmente reaccionó para poner fin al fuego y alegar que ganaron. 2.140
muertos, mil de ellos terroristas aunque no lo reconozcan, numerosísimas casas
destruidas por haber sido depósito de armas, sitios de lanzamiento de cohetes,
comandos de Hamas u otros grupos, escondites de misiles… y ellos hablan de victoria.
Claro que la explicación
puede pasar por el hecho de que precisamente porque son conscientes de que por
culpa de ellos Gaza retrocedió 15 o 20 años en el tiempo tienen que poner en
escena una versión «convincente» de lo contrario, por si hay algún distraído
que los quiera escuchar. De todos modos, saben que con las armas, como siempre,
impondrán su voluntad. Hasta organizaron días atrás por la televisión de Hamas
un popurrí de respuestas populares -todas sinceras por cierto- a la pregunta:
«¿Qué pasaría hoy en Gaza si no estuviera Hamas?». Ya imaginarán que
a nadie se le ocurrió decir «estaríamos mejor» o «no habría
tanta destrucción a nuestro alrededor».
Que quede claro. No nos
confundimos. La destrucción la provocó la Fuerza Aérea de Israel. Y la artillería
israelí. Pero la razón es la guerra que Hamas declaró a Israel, convirtiendo a
Gaza en una enorme base militar, en la que cohetes eran disparados desde
escuelas y hospitales, entre edificios de apartamentos, desde mezquitas, en la
que misiles eran guardados en jardines de infantes y clínicas médicas. Y aun
los más hipócritas de los gobernantes y ministros de diferentes partes del
mundo que condenaron a Israel con una dureza con la que ni se acercan a
condenar a asesinos sangrientos saben que desesperarían si tuvieran que
proteger a sus pueblos de una amenaza vecina como la de Hamas. Nadie, ningún
país normal aguantaría tanto tiempo como Israel el disparo de cohetes desde el
territorio vecino. No hablemos de casi 14 años. Hablemos de 14 días. Nadie.
Es comprensible que en
Israel se discuta todo tanto. Es una democracia viva y dinámica. La guerra
contra Hamas, claro está, no iba a ser la excepción. Y es lógica la frustración
de muchos especialmente entre la población del sur. El hecho es que según las
encuestas de ayer, la mayoría de la población está en contra de la tregua
pactada. No porque quieran guerra y no paz, sino porque no le creen a Hamas y
consideran que el gobierno debería haber declarado como meta el desmoronamiento
del régimen de Hamas, estimando que de lo contrario es solo cuestión de tiempo
hasta la próxima conflagración.
No lo compartimos. Claro
que Hamas lo merecería, pero creemos que esa meta no era realista en este
momento.
Pero algunos de los
comentarios de los ministros del gabinete que criticaron, dando a entender que
el Primer Ministro Netanyahu actuó como una veleta, sin columna vertebral y
otras yerbas, los consideramos irresponsables y erróneos.
Hamas se vio obligado a
aceptar un alto el fuego, sin que Israel acepte ni una de las condiciones que
exigía. No fin del bloqueo, no mediación de Katar o Turquía, no al aeropuerto
ni al puerto. Y tuvieron que decir «sí» a la propuesta egipcia, de
alto el fuego por tiempo indefinido.
Israel aceptó la
ampliación de la zona de pesca en la costa de Gaza, algo que proclamó ya al
principio. También que se intensificará la introducción de mercaderías
humanitarias a Gaza, pero los pasajes y el movimiento en este sentido estaban
abiertos ya antes. Y que se abrirá el puesto de Rafah… eso es un tema entre
Hamas y Egipto. El control, estricto, estará en manos de Israel.
El gran desafío israelí
era hallar el equilibrio entre no premiar a Hamas y no castigar a la población
palestina, a la que se quiere ayudar con la reconstrucción.
«¿Para qué
destruyeron entonces?», se preguntarán no pocos.
Para golpear a Hamas,
para asestarle el golpe más duro que recibió desde su creación.
Certeza de que aprendió
la lección y pensará dos veces antes de volver a disparar no hay. Recordemos:
son terroristas que usan a su pueblo en lugar de servirlo.
Pero en la práctica,
Hamas necesitará años para recuperar todo lo que perdió.
La gran pregunta es si
usará el tiempo de ahora en adelante y el dinero que reciba para mejorar la
situación del pueblo de Gaza, o para volver a construir una maquinaria de
guerra.
No nos hacemos ilusiones.
Israel tendrá que seguir alerta… Ojalá, no solo por Israel, sino también por
la población civil palestina de Gaza, que nos equivoquemos al adivinar la
respuesta.